jueves, 27 de agosto de 2009

EL CRISMÓN Y EL CORAZÓN EN LAS ANTIGUAS MARCAS CORPORATIVAS.

ABD AL- WAHID YAHIA (RENÉ GUÉNON).

Publicado originalmente en "Regnabit", noviembre de 1925. Retomado en "Etudes Traditionnelles", enero-febrero de 1951. Recopilado posteriormente en Etudes sur la Franc-Maçonnerie, vol. II, París, 1964.

En un artículo, de un carácter por lo demás puramente documental, dedicado al estudio de "Blasones con motivos astrológicos y talismánicos" y publicado en la "Revue de l'Histoire des Réligions" (julio-octubre 1924), W. Deonna, de Ginebra, al comparar los signos que aparecen en estos blasones con otros símbolos más o menos similares, se refiere más ampliamente al "quatre de chiffre" que fue "común en los siglos XVI y XVII (1), como marca de familia y de casa para los particulares, quienes lo incluían en sus lápidas sobre sus blasones". Él señala que este signo "se presta a todo tipo de combinaciones, con la cruz, el globo, el corazón, asociado a monogramas de propietarios, se complica con barras asociadas", y reproduce unos cuantos ejemplos. Nosotros pensamos que dicho signo fue esencialmente una "marca de maestría", común a muchas corporaciones diferentes, con las cuales los particulares y las familias que se sirvieron de este signo estaban sin duda unidas por algunos vínculos frecuentemente hereditarios.

Deonna habla a continuación, bastante someramente, del origen y del significado de esta marca: "Jusselin, dice él, la deriva del monograma constantiniano, ya interpretado libremente y deformado en los documentos merovingios y carolingios (2), pero esta hipótesis aparece como totalmente arbitraria, y ninguna analogía la sostiene". No compartimos tal opinión, e incluso consideramos que tal asimilación debe ser por el contrario muy natural, pues, por nuestra parte, la habíamos hecho siempre sin tener conocimiento de los trabajos específicos que podían existir sobre el asunto, e incluso no habríamos creído que pudiera ser contestada, de evidente que nos parecía. Pero sigamos y veamos cuales son las otras explicaciones propuestas: "¿Será quizá el 4 de las cifras árabes, sustitutas de las cifras romanas en los manuscritos europeos anteriores al siglo XI?...,¿Hay que suponer que representa el valor místico de la cifra 4, que se remonta a la Antigüedad y que los modernos han conservado?". Deonna no rechaza esta interpretación pero prefiere otra: él supone "que se trata de un signo astrológico", el de Júpiter.

A decir verdad, esas diversas hipótesis no son necesariamente excluyentes unas de otras: puede muy bien haber habido, tanto en este caso como en muchos otros, superposición e incluso fusión de varios símbolos en uno sólo, de muchos símbolos, al cual aparecen vinculados, por ello mismo, múltiples significados; no hay nada ahí que deba sorprender, pues como antes dijimos esta multiplicidad de sentidos es como inherente al simbolismo, del que constituye asimismo una de sus mayores ventajas como medio de expresión. Ahora bien, es necesario, naturalmente, el llegar a reconocer el sentido primero y principal del símbolo; y en este caso persistimos en considerar que dicho sentido viene dado por la identificación con el Monograma de Cristo, mientras que los demás le están asociados secundariamente.

Es cierto que el signo astrológico de Júpiter, cuyas dos formas principales (fig. 1), presentan en su aspecto general un parecido con la cifra 4 (fig. 2); y también es cierto que su uso está relacionado con la idea de "maestría", sobre lo que volveremos más adelante. Sin embargo, para nosotros, este elemento, en el simbolismo de la marca en cuestión, podría solamente ubicarse en tercer lugar. Destaquemos por lo demás que el origen mismo del signo de Júpiter es muy incierto, pues unos quieren ver en él la representación del rayo, mientras otros es simplemente la inicial del nombre de Zeus.

Por otra parte, nos parece innegable que lo que Deonna denomina el "valor místico"del número 4 ha desempeñado también aquí un papel, e incluso un papel más importante, pues nosotros le asignaríamos el segundo lugar en este complejo simbolismo. Puede destacarse, a este respecto, que la cifra 4, en todas las marcas donde figura, tiene una forma que es exactamente la de una cruz cuyas dos extremidades están unidas por una línea oblicua; ahora bien, la cruz era en la Antigüedad, y especialmente entre los Pitagóricos, el símbolo del cuaternario (o más exactamente uno de los símbolos, pues había otro que era el cuadrado); y, además, la asociación de la cruz con el Crismón ha debido establecerse de la manera más natural.

Por consiguiente, esta observación nos lleva de nuevo al Crismón; y, primero, debemos decir que conviene hacer una distinción entre el Crismón constantiniano propiamente dicho, el signo del Lábaro, y lo que se llama el Crismón simple. Este (fig. 3), nos aparece como el símbolo fundamental del que otros muchos derivaron más o menos directamente. Se le considera formado por la unión de las letras I y X, es decir de las iniciales griegas de las dos palabras Iesous Christós y es éste uno de los sentidos que tuvo desde los primeros tiempos del Cristianismo; pero este símbolo, en sí mismo, es muy antiguo, y es uno de aquellos que están difundidos por doquier y en todas las épocas. Este es un ejemplo de la adaptación cristiana de los signos y de las narraciones simbólicas precristianas como ya hemos

Figuras 1 y 2

señalado respecto a la leyenda del Santo Grial; y tal adaptación debe considerarse, no sólo comolegítima sino en cierto modo como necesaria, para quienes como nosotros ven en esos símbolos unos vestigios de la tradición primordial. La leyenda del Grial es de origen celta; por una coincidencia digna de ser destacada, el símbolo del que hablamos se encuentra también entre los Celtas, entre los cuales constituye un elemento esencial de la "rodela" (fig. 4). Por lo demás, la rodela se perpetuó a través de toda la Edad Media, y no es inverosímil admitir que se pueda vincular con ella incluso el rosetón de las catedrales (3). Existe, en efecto, una conexión segura entre la figura de la rueda y los símbolos florales de significados múltiples, tales como la rosa y el loto, a los cuales hemos aludido en precedentes artículos; pero esto nos llevaría demasiado lejos lejos de nuestro tema. En cuanto al significado general de la rueda, en la que los modernos en general quieren ver un símbolo exclusivamente "solar", de acuerdo a la explicación de la que usan y abusan en toda circunstancia, diremos solamente, sin poder insistir todo lo que haría falta, que en realidad es por el contrario y antes que nada un símbolo del Mundo, como se puede determinar particularmente por el estudio de la iconografía hindú. Para ceñirnos a la "rodela" céltica (fig. 5) (4), señalaremos todavía que muy probablemente hay que atribuir igual origen y significado al emblema que figura en el ángulo superior de la bandera británica (fig. 6), que no difiere en suma más que por estar inscrito en un rectángulo en vez de en una circunferencia, y en el cual algunos ingleses quieren ver el signo de la supremacía marítima de su patria (5).

Figuras 3, 4, 5 y 6 respectivamente, comenzando por la izquierda

Formulemos ahora una observación sumamente importante respecto del simbolismo heráldico: la forma del Crismón simple es una especie de esquema general según el cual se dispusieron en el blasón las figuras más diversas. Obsérvese por ejemplo un águila o cualquier otra ave heráldica, y no será difícil descubrir la citada disposición (la cabeza, la cola, las extremidades de las alas y de las patas corresponden a las seis puntas de la fig. 3); obsérvese luego el emblema de la flor de lis, y nuevamente podrá comprobarse lo mismo. Poco importa por lo demás cual es el origen real del emblema de la flor de lis, que ha dado lugar a tan variadas hipótesis: que sea verdaderamente una flor, lo que nos llevaría de nuevo a los símbolos florales recordados anteriormente (el lirio natural tiene efectivamente seis pétalos), o que en cambio se haya tratado primitivamente de la punta de una lanza, o de un ave, o de una abeja, o del antiguo símbolo caldeo de la realeza (jeroglífico sâr), o incluso de de un sapo (6), o aún como es mucho más probable que resulte de la síntesis de varias de estas figuras siempre permanece estrictamente conforme con el esquema del que hablamos.

Una de las razones de esta particularidad hay que encontrarla en la importancia de las significaciones vinculadas con el número seis, ya que la figura que estamos considerando no es, en el fondo, sino uno de los símbolos geométricos que corresponden a dicho número. Si unimos sus extremidades de dos en dos (fig. 7), se obtiene otro símbolo senario muy conocido, el doble triángulo (fig. 8), conocido más comúnmente por el nombre de "sello de Salomón" (7). Es una figura usada muy frecuentemente entre los Judíos y entre los Árabes, pero es también un emblema cristiano; fue incluso, como nos ha señalado L. Charbonneau-Lassay, uno de los antiguos símbolos de Cristo, como lo fue también otra figura equivalente, la estrella de seis puntas (fig. 9), que no es en suma más que una variante, y como lo es también, por supuesto, el Crismón mismo, lo que es una razón más para establecer entre todos estos signos un estrecho vínculo. El hermetismo cristiano del Medioevo veía en los dos triángulos opuestos y entrelazados, donde uno es como reflejo o la imagen invertida del otro, una representación de la unión de las dos naturalezas, divina y humana, en la persona de Cristo; y el número seis incluye entre sus significados los de unión y de mediación, que convienen perfectamente al Verbo encarnado. Por otra parte, el mismo número seis, según la Kábala hebrea, es el número de la creación (la obra de los seis días), y, bajo este aspecto, atribuir del símbolo al Verbo no deja de tener justificación, pues es como una especie de traducción gráfica del "per quem omnia facta sunt" del Credo (8).

Figuras 7, 8 y 9 respectivamente, comenzando por la izquierda

Ahora bien lo que es especialmente interesante desde el punto de vista donde nos situamos en este estudio, es que el doble triángulo fue escogido en el siglo XVI, y posiblemente antes aún, como emblema y como contraseña de ciertas corporaciones. Igualmente, sobre todo en Alemania, se convirtió en la divisa habitual de las tabernas o cervecerías donde dichas corporaciones mantenían sus reuniones (9). Era en cierto modo una marca general común, en tanto que las figuras más o menos complejas en las que se encontraba el "cuatro de cifra" eran marcas personales, particulares de cada maestro; y ¿no es lógico suponer que entre estas últimas y la anterior, debió de haber cierto parentesco, el mismo parentesco existente entre el Crismón y el doble triángulo cuya realidad acabamos de demostrar?

Figuras 10, 11 y 12 respectivamente

El Crismón constantiniano (fig. 10), que se compone de dos letras griegas reunidas, la X y la P, las dos primeras de "Christos", parece a primera vista como derivado inmediatamente del Crismón simple, del que conserva exactamente la disposición fundamental, y del cual no se distingue más que por el agregado de un lazo, en la parte superior, que transforma la I en P. Ahora bien, si se considera al "cuatro de cifra" en sus formas más simples y corrientes, la similitud, podríamos inclusive decir la identidad, con el Crismón constantiniano es innegable; y es especialmente sorprendente cuando la cifra 4, o el signo que imita su forma y que al mismo tiempo puede ser una deformación de la P, está vuelta hacia la derecha (fig. 11), en lugar de estarlo hacia la izquierda (fig. 12), pues se encuentran ejemplos indistintamente de las dos orientaciones (10). Además aparece aquí un segundo elemento simbólico que no estaba en el Crismón constantiniano: nos referimos a un signo en forma de cruz que se introduce muy naturalmente por la transformación de la P en 4. Frecuentemente, este signo está como subrayado por el agregado de una línea suplementaria, sea horizontal (fig 13) sea vertical (fig. 14), que constituye como una especie de duplicación de la cruz (11).

Se observará que en la segunda de estas figuras, falta toda la parte inferior del Crismón y la substituye un monograma personal, así como diversos símbolos en otros casos. Tal vez de aquí surgieron ciertas dudas sobre la identidad del signo que se conserva constantemente el mismo bajo todos estos cambios: pero pensamos que las marcas que contienen el Crismón completo son las que representan la forma primitiva, en tanto que las otras son modificaciones posteriores las cuales tuvieron como consecuencia que la parte conservada fuera tomada por el todo, probablemente sin perder de vista jamás el sentido.

Figuras 13 y 14

Sin embargo nos parece que en ciertos casos el elemento de cruz del símbolo llegó a ocupar el primer plano; al menos así nos parece desprenderse de la asociación del "cuatro de cifra" con determinados signos, y este es el punto que nos queda por examinar.

Entre los signos en cuestión hay uno que figura en la marca de una tapicería del siglo XVI que se conserva en el museo de Chartres y cuya naturaleza no presenta duda alguna: se trata evidentemente, en una forma apenas modificada, del "globo del Mundo" (fig. 16), símbolo constituido por el signo hermético del reino mineral coronado por una cruz; aquí el "cuatro de cifra" pura y simplemente ha tomado el lugar de la cruz (12).

Tal "globo del Mundo" es esencialmente un signo de potencia, y al mismo tiempo signo del poder temporal y del poder espiritual, ya que si bien es verdad que es una de las insignias de la dignidad imperial, también se la encuentra constantemente en la mano de Cristo, y no sólo en aquellas representaciones que evocan más particularmente la Majestad divina, como las del Juicio final, sino incluso en las representaciones del Cristo niño. Así, cuando este signo substituye al Crismón, (y aquí hay que recordar el vínculo que originariamente une a dicho signo con la "rodela", otro símbolo del Mundo), puede decirse que en suma es inclusive un atributo de Cristo que ha substituido a otro; igualmente la idea de "maestría" está ligada directamente a este nuevo atributo, como en el caso del signo de Júpiter, en el cual nos puede hacer pensar especialmente la parte superior del símbolo, pero sin que por ello pierda su valor de cruz, respecto de lo cual no queda la menor duda cuando se comparan las dos figuras.

Figuras 15y 16

Llegamos así hasta un grupo de marcas que son el motivo directo de este estudio: la diferencia esencialmente estas marcas y aquellas de que hablábamos en último término es la substitución del globo por un corazón. Curiosamente ambos tipos de símbolos están estrechamente ligados entre sí, (figuras 17 y 18), pues en algunos el corazón está dividido por líneas que siguen exactamente la misma pauta que caracteriza al "globo del Mundo" (13), lo cual ¿no está indicando una como equivalencia, por lo menos bajo un cierto aspecto, y no sería ya suficiente como para sugerir que se trata del "Corazón del Mundo"? En otros ejemplos, las líneas rectas trazadas en el interior del corazón están substituidas por líneas curvas que parecen dibujar las aurículas del mismo y donde están inscritas las iniciales (figuras 19 y 20); pero dichas marcas parecen más recientes que las anteriores (14), de modo que con toda verosimilitud se trata de una modificación bastante tardía, y posiblemente destinada simplemente a dotar la figura con un aspecto más o menos geométrico y ornamental.

Finalmente hay variantes más complejas en las que el símbolo principal está acompañado de signos secundarios, los cuales manifiestamente no cambian en nada su significado e incluso en la que reproducimos (fig. 21), nos permite pensar que las estrellas no están sino para destacar más decididamente el carácter celeste que hay que reconocerle (15). Con esto queremos decir que en nuestra opinión, en todas esta figuras debe verse el Corazón de Cristo, y que no es posible ver otra cosa, puesto que tal corazón está coronado por una cruz, e incluso, en lo que respecta a todas las que tenemos a la vista, por una cruz duplicada con el agregado de una línea horizontal a la cifra 4.

Figuras 19, 20, 21, 22 y 23 respectivamente

Abramos ahora un paréntesis para señalar otra curiosa aproximación: esquematizando estas figuras se obtiene un símbolo hermético conocido (figura 22), que no es sino la posición invertida del símbolo del azufre alquímico (fig. 23). Reencontramos así el triángulo invertido cuya equivalencia con el corazón y la copa ya hemos indicado en nuestro precedente artículo. Aislado, este triángulo sólo es el signo alquímico del agua, mientras que el triángulo con el vértice hacia arriba, lo es del fuego. Ahora bien, entre los diversos significados constantes del agua , en las más antiguas tradiciones, hay uno que es más particularmente interesante destacar aquí: se trata del símbolo de la Gracia, y de la regeneración que provoca en el ser que la recibe. Recordemos el agua bautismal, las cuatro fuentes de agua viva del Paraíso terrenal, así como el agua vertida por el Corazón de Cristo, manantial inagotable de la Gracia. Finalmente y como refuerzo de la explicación, el símbolo invertido del azufre significa el descenso de las influencias espirituales en el "mundo de aquí abajo", vale decir, en el mundo terrestre y humano; en otras palabras, se trata del "rocío celeste" del cual ya hemos hablado (16). Estos son los símbolos herméticos antes aludidos, y se convendrá que su verdadero significado ¡está muy alejado de aquellas interpretaciones falsificadas que pretenden asignarle ciertas sectas contemporáneas!.

Figuras 24 y 25

Dicho esto, retornemos a nuestras marcas corporativas para formular en pocas palabras las conclusiones que nos parecen desprenderse de lo que venimos de exponer.

En primer lugar, creemos haber establecido de manera suficiente que el Crismón es el tipo fundamental del que derivan todas estas marcas, y de donde, en consecuencia, extraen su principal significado. En segundo lugar, cuando en ciertas marcas se ve al Corazón tomar el lugar del Crismón y de otros símbolos que, de manera inequívoca, se refieren directamente a Cristo, ¿no se tendría acaso el derecho de afirmar decididamente que dicho corazón es efectivamente el Corazón de Cristo? Agreguemos que, como ya fue señalado, el hecho de que el corazón esté coronado por una cruz, o por un signo seguramente equivalente, o también y mejor aún por uno y otro juntos, apoya lo dicho de la mejor manera posible, ya que en cualquier otra hipótesis no vemos cómo podría ofrecerse una explicación plausible.

Finalmente la idea de inscribir el propio nombre, con iniciales o en monograma, en el mismo Corazón de Cristo, ¿no es acaso muy propio de la piedad de nuestros ancestros? (17).

Con esta última reflexión, damos por terminado este estudio contentándonos por esta vez con haber aportado, con datos precisos sobre algunos puntos interesantes del simbolismo religioso en general, a la antigua iconografía del Sagrado Corazón una contribución que nos viene de una fuente un poco imprevista, y auspiciando solamente que entre nuestros lectores haya alguno que pueda completarlos con aportes documentales del mismo tipo, pues pensamos que puedan ciertamente existir en número considerable aquí y allá, y bastaría con recogerlos y reunirlos en un conjunto de testimonios verdaderamente impresionante (18).

NOTAS:

(1). El mismo signo ha sido muy usado en el siglo XV al menos en Francia, y especialmente en las marcas de impresores. Hemos recogido los siguientes ejemplos: Wolf (Georges), impresor-librero de París, 1489; Syber(Jean), impresor de Lyon, 1478; Remboldt (Bertholde), impresor de Paris, 1489.

(2). "Origine de monogramme des tapissiers" en el "Bulletin monumental" 1922, págs. 433-435.

(3). En un artículo precedente, Deonna reconocía por su cuenta propia la existencia de una relación entre la "rodela" y el Monograma de Cristo ("Quelques reflexions sur le Symbolisme, en particulier dans l’art préhistorique", en la "Revue de l’Histoire des Religions", enero-abril 1924); por tanto, nos sorprende más verle negar a continuación la relación, sin embargo más visible, entre el Crismón y el "cuatro de cifra". (N.d.T.: El significado es también evidente en la iconografía de los discos de la tradición de los mapuches, donde la rueda y su cruz simbolizan el mundo) .

(4). Hay dos tipos de "rodela", uno de seis radios (fig.4) y otro de ocho (fig.5), y cada uno de los números tiene naturalmente su razón de ser y su significado. El Crismón corresponde al primer tipo; en cuanto al segundo es interesante notar la similitud sorprendente que tiene con el loto hindú de ocho pétalos.

(5). La forma misma de la "rodela" se encuentra de nuevo más claramente aún cuando el mismo emblema está trazado sobre el escudo que lleva la figura alegórica de Albión.

(6). Por más extraño que resulte, esta opinión ha debido ser admitido muy antiguamente, porque en las tapicerías del siglo XV de la Catedral de Reims, el estandarte de Clodoveo tiene tres sapos. Es muy posible además que primitivamente este sapo fuera en realidad una rana, antiguo símbolo de resurrección.

(7). A veces esta figura se la llama también "escudo de David" o también "escudo de Miguel", esta última designación podría llevar a consideraciones muy interesantes.

(8). (N.del T. = "por quien fueron hechas todas las cosas"). En China seis trazos dispuestos de otra forma son también símbolo del Verbo; asimismo representan el término medio de la Gran Tríada, es decir el Mediador entre el Cielo y la Tierra, el que reúne en sí mismos las dos naturalezas, celeste y terrestre.

(9). A este propósito señalemos de paso un hecho curioso y muy poco conocido: la leyenda de Fausto, proveniente más o menos de la misma época, era parte constitutiva del ritual de iniciación de los impresores.

(10). La fig.12 reproducida por Deonna incluye la siguiente mención: "Marca de Zacarias Palthenio, impresor, Francfurt, 1599".

(11). Fig.13: "Marca de fecha 1540, Ginebra; atribuida a Jacques Bernard, primer pastor ‘reformado’ de Satigny". Fig.14: "Marca del impresor Carolus Marellus, Paris, 1631".

(12). Hemos visto igualmente el signo del "globo del Mundo" en numerosas marcas de comienzos del siglo XVI.

(13). Fig. 17: "Marca de tapicería del siglo XVI, Museo de Chartres". Fig.18: "Marca de Maestro Samuel de Tournes, en vaso de peltre de Pierre Rayaume, Ginebra, 1609".

(14). Fig. 19: "Marca de Jacques Eynard, mercader genovés, sobre un vitral del siglo XVII". Fig. 20: "Marca de Maestría, sobre un plato de estaño de Jacques Morel, Ginebra, 1719".

(15). Fig. 21: "Marca de Maestría sobre un plato de estaño de Pierre Royaume, Ginebra, 1-09".

(16). La figura 24, que es el mismo símbolo hermético, acompañado de iniciales, proviene de una losa funeraria de Ginebra (colecciones lapidarias, nº 573). La fig. 25, que es una modificación suya, es mencionada en estos términos por M. Deonna: "Clave de bóveda de una casa en Molard, ginebra, demolida en 1889, marca de Jean de Villard, con la fecha 1576 D.

(17). Es de destacar que la mayor parte de las marcas que hemos reproducido, estando tomadas de la documentación de Deonna, son de procedencia ginebrina y han debido de pertenecer ; pero no ha lugar quizás a sorprenderse demasiado, si se piensa además que el capellán de Cromwell, Thomas Goodwin, dedicó un libro a la devoción al Corazón de Jesús. Hay que felicitarse, pensamos, de ver a los protestantes mismos aportar así su testimonio a favor del culto del Sagrado Corazón.

(18). Sería particularmente interesante el investigar si el corazón se encuentra a veces en las marcas de maestros constructores y tallistas de piedra, surgidas en la catedral de San Pedro de Ginebra, entre las cuales se encuentran triángulos invertidos; algunas acompañadas por una cruz emplazada debajo o en el interior; no es por tanto improbable que el corazón haya también figurado entre los emblemas usados en esta corporación.

jueves, 30 de julio de 2009

LA INICIACION Y LOS OFICIOS

RENE GUENON
Cap. I, Parte II, de Mélanges, Gallimard, París, 1976.

Hemos afirmado a menudo que la concepción "profana" de las ciencias y de las artes, acreditada hoy en Occidente, es una idea muy moderna y supone la degeneración de un estado previo en el que unas y otras tenían un carácter del todo distinto. Lo mismo se puede decir de los oficios; y, por otra parte, la distinción entre las artes y los oficios, o entre el "artista" y el "artesano", es también típicamente moderna, como si hubiera derivado de esta desviación profana y sólo por ella tuviera sentido. Para los antiguos, el artifex es, sin distinción alguna, tanto el hombre que ejerce un arte como el que ejerce un oficio; pero, realmente, no es ni el artista ni el artesano en el sentido que estas palabras tienen hoy; es algo más que uno y otro porque, originalmente al menos, su actividad está vinculada con principios que pertenecen a un orden mucho más profundo.

En toda civilización tradicional, en efecto, toda actividad del hombre, cualquiera que ésta sea, siempre se considera como derivada esencialmente de los principios; por esta razón se podría decir que la actividad es de alguna forma "transformada", y en lugar de reducirse a lo que es desde el punto de vista de la simple manifestación exterior (lo cual es en definitiva la concepción profana), está integrada a la tradición y constituye, para quien la realiza, un medio de participar efectivamente de ésta. Lo mismo ocurre desde un punto de vista exotérico puro y simple: si se considera, por ejemplo, una civilización como la civilización islámica o la civilización cristiana de la Edad Media, no hay nada tan sencillo como darse cuenta del carácter "religioso" que revisten los actos más ordinarios de la existencia. Es que la religión, en ellas, no es algo que ocupa un lugar aparte, sin relación alguna con todo lo demás, como sucede con los occidentales modernos (al menos con los que convienen todavía en admitir una religión); al contrario, toca profundamente toda la existencia del ser humano, o mejor dicho, todo lo que constituye esta existencia y, en particular, la vida social se encuentra como englobada en su dominio de manera que, en tales condiciones, no puede existir en realidad nada que sea "profano", excepto para los que, por uno u otro motivo, se encuentran fuera de la tradición y cuyo caso representa entonces una simple anomalía. Además, donde no existe nada a que aplicar propiamente el nombre de "religión", menos habrá 'una legislación tradicional y "sagrada" que, aún teniendo caracteres diferentes, tenga exactamente la misma función; por lo tanto, estas consideraciones pueden aplicarse a toda civilización tradicional sin reserva. Pero hay todavía algo más: si pasamos del exoterismo al esoterismo (utilizamos aquí estas palabras para mayor facilidad aunque no convengan con igual rigor en todos los casos), comprobamos, de forma muy general, la existencia de una iniciación que está ligada a los oficios y que los toma como base; es así como estos oficios son todavía susceptibles de un significado superior y más profundo; y quisiéramos indicar cómo pueden proporcionar efectivamente una vía de acceso al dominio iniciático.

Lo que permite comprender lo anterior de la mejor forma posible, es la noción de lo que la doctrina hindú llama swadharma, es decir, el cumplimiento por parte de cada ser de una actividad conforme a su propia naturaleza; y es también por medio de esta noción, o mejor dicho, por su ausencia, como se muestra con más claridad el defecto de la concepción profana. Según ésta, en realidad, un hombre puede escoger una profesión cualquiera, y puede incluso cambiarla a su voluntad, como si esta profesión fuera algo únicamente exterior, sin ningún vinculo real con lo que él es verdaderamente y con lo que hace que sea él mismo y no otro. En la concepción tradicional, al contrario, cada cual debe desempeñar la función a la que está destinado por su propia naturaleza; y no puede desempeñar otra sin que ocurra por eso un gran desorden, que tendrá consecuencias en toda la organización social de la cual el individuo forma parte; además, si semejante desorden se generalizara, llegaría a tener efectos sobre el mismo medio cósmico porque todas las cosas están ligadas entre si según correspondencias rigurosas. Sin insistir más sobre este último punto que, sin embargo, podría aplicarse muy fácilmente a las condiciones de la época actual, haremos notar que la oposición de las dos concepciones puede, por lo menos en cierto aspecto, reducirse a la oposición entre un punto de vista "cualitativo" y un punto de vista "cuantitativo": en la concepción tradicional son las cualidades esenciales de los seres las que determinan su actividad; en la concepción profana, los individuos son considerados solamente como "unidades" intercambiables, como si estuvieran desprovistos, en sí mismos, de toda cualidad propia. Esta última concepción que sin duda depende estrechamente de las ideas modernas de "igualdad" y de "uniformidad" (siendo ésta, literalmente, lo contrarío de la unidad verdadera porque implica la multiplicidad pura e "inorgánica" de una especie de "atomismo" social), lógicamente sólo puede acabar en el ejercicio de una actividad únicamente «mecánica", en la cual ya no subsiste nada que sea propiamente humano; y esto es, en efecto, lo que podemos constatar en la actualidad. Por lo tanto, debe quedar muy claro que los oficios "mecánicos" de los modernos, siendo sólo un producto de la desviación profana, de ninguna manera podrían ofrecer las posibilidades de las cuales queremos hablar aquí; en verdad, tampoco pueden, ser considerados como oficios si se quiere conservar el sentido tradicional de esta palabra, el único que nos interesa en este momento. Si el oficio es algo del hombre mismo y, de alguna manera, una manifestación o una expansión de su propia naturaleza, es fácil comprender, como decíamos hace poco, que pueda servir de base para una iniciación, e incluso que sea, en la generalidad de los casos, lo más idóneo que exista para este fin. En efecto, si la iniciación tiene esencialmente el objetivo de superar las posibilidades del individuo humano, no es menos cierto que como punto de partida sólo puede tomar a este individuo tal como es; de ahí la diversidad de las vías iniciáticas, es decir, en pocas palabras, de los medios utilizados como "soportes", de acuerdo con las diferencias de las naturalezas individuales; más tarde, por otra parte, estas diferencias intervienen cada vez menos a medida que el ser avanza en su camino. Los medios así utilizados sólo pueden tener eficacia cuando corresponden a la naturaleza misma de los seres para los cuales resultan adecuados; y, puesto que se debe proceder necesariamente desde lo más accesible a lo menos accesible, desde lo exterior a lo interior, es normal adquirirlos de la actividad por medio de la cual esta naturaleza se manifiesta exteriormente. Sin embargo, es obvio que esta actividad sólo puede desempeñar semejante papel en la medida en que traduce realmente la naturaleza interior. Por lo tanto, existe en esto una verdadera cuestión de "cualificación" en el sentido iniciático de este término; y, en condiciones normales, esta "cualificación" debería ser necesaria para la práctica misma del oficio. Lo que acabamos de decir expresa al mismo tiempo la diferencia fundamental que separa la enseñanza iniciática de la enseñanza profana: lo que es simplemente "aprendido" de lo exterior no tiene aquí ninguna importancia; la cuestión que aquí se plantea es "despertar" las posibilidades latentes que el ser lleva en sí mismo (y en el fondo, es este el verdadero sentido de la "reminiscencia" platónica).

Por medio de estas últimas consideraciones, se puede comprender, además, cómo la iniciación, al tomar el oficio de "soporte", tendrá al mismo tiempo y a la inversa, por decirlo así, una repercusión en la práctica de este oficio. El ser, en efecto, habiendo realizado plenamente las posibilidades de las que su actividad profesional es sólo una expresión exterior, y teniendo así el conocimiento efectivo de lo que es el principio mismo de esta actividad, desde este momento realizará conscientemente lo que al inicio sólo era una consecuencia muy "instintiva" de su naturaleza; y así, si el conocimiento iniciático, para él, ha nacido del oficio, éste último, a su vez, se volverá el campo de aplicación de aquel conocimiento del cual ya no podrá ser separado. Habrá entonces una correspondencia perfecta entre lo interior y lo exterior, y la obra producida podrá ser, ya no solamente la expresión en un grado cualquiera y de forma más o menos superficial, sino la expresión realmente adecuada de quien la habrá concebido y ejecutado, lo cual constituirá la "obra maestra" en el verdadero sentido de esta palabra.

Es evidente que lo anterior está muy lejos de la pretendida "inspiración" inconsciente, o subconsciente, si así se desea, en la que los modernos quieren ver el sello del verdadero artista, considerándolo superior al artesano, según la distinción más que criticable que tienen la costumbre de hacer, Artista o artesano, el que actúa bajo semejante " inspiración" , en todo caso, no es más que un profano; muestra sin duda con esto que lleva en sí algunas posibilidades; sin embargo, mientras no haya tomado efectivamente conciencia de ellas, aún cuando alcance lo que se ha convenido en llamar el "genio", esto no cambiará nada en él; y por no poder ejercer un control sobre estas posibilidades, sus logros sólo serán, por decirlo así, accidentales, lo que por otra parte se reconoce corrientemente diciendo que la "inspiración" a veces falta. Todo lo que se puede conceder, para comparar el caso que tratamos con aquél donde interviene un conocimiento verdadero, es que la obra que, consciente o inconscientemente tiene de verdad su origen en la naturaleza de quién la ejecuta, no dará jamás la impresión de un esfuerzo más o menos penoso que acarrea siempre alguna imperfección, porque es algo anormal; al contrario, obtendrá su misma perfección de su conformidad con la naturaleza, lo que implicará por otra parte, de forma inmediata y por decirlo así necesaria, su exacta adaptación al fin al que está destinada.

Si ahora queremos definir con más rigor el dominio de lo que se puede llamar las iniciaciones de oficio, diremos que éstas pertenecen al orden de los "misterios menores", puesto que están vinculadas con el desarrollo de las posibilidades que le corresponden específicamente al estado humano; lo anterior no es el fin último de la iniciación, no obstante constituya obligatoriamente su primera fase. En efecto, es necesario que este desarrollo al inicio se realice en su integridad, para permitir luego superar este estado humano; sin embargo, es evidente que, más allá de este último, las diferencias individuales en las que se apoyan las iniciaciones de oficio, desaparecen por completo y ya no podrían desempeñar ninguna función. Como hemos explicado en otras ocasiones, los "misterios menores" conducen a la restauración de lo que las doctrinas tradicionales designan como el "estado primordial"; pero, tan pronto como el ser alcanza este estado, que todavía pertenece al dominio de la individualidad humana (y que es el punto de comunicación de éste con los estados superiores), desaparecen las diferencias que dan origen a las diversas funciones "especializadas", aunque todas estas funciones tengan igualmente su origen en él o, más bien, por eso mismo; y en realidad es a este origen común que es indiscutiblemente necesario remontarse para poseer en su plenitud todo lo que supone el ejercicio de una función cualquiera.

Si examinamos la historia de la humanidad tal y como la enseñan las doctrinas tradicionales, de acuerdo con las leyes cíclicas, debemos decir que, en el origen, al tener el hombre la posesión plena de su estado de existencia, tenla naturalmente las posibilidades que le corresponden a todas las funciones, antes de cualquier distinción de éstas. La división de las funciones se produjo en un estado sucesivo correspondiente a un estado ya inferior al "estado primordial", pero en el que cada ser humano, a pesar de tener solamente algunas posibilidades determinadas, tenla todavía espontáneamente la conciencia efectiva de estas posibilidades. Es sólo en un periodo de mayor oscurecimiento cuando esta conciencia llegó a perderse; y, desde entonces, la iniciación se volvió necesaria para permitir al hombre volver a encontrar con esta conciencia el estado original al que es inherente; este es en efecto el primero de sus objetivos, aquél que la iniciación se propone de forma más inmediata. Para que sea posible, esto supone una transmisión que se remonta, a través de una »cadena« ininterrumpida, hasta el estado que debe ser restaurado y así, progresivamente, hasta el mismo "estado primordial"; sin embargo, la iniciación no se detiene ahí, y no siendo los "misterios menores" más que la preparación para los "misterios mayores", es decir para la toma de posesión de los estados superiores del ser, es necesario remontarse aún más allá de los orígenes de la humanidad. En efecto, no hay iniciación verdadera, incluso en el grado más bajo y más elemental, sin la intervención de un elemento "no humano", que es, según lo que hemos expuesto con anterioridad en otros artículos, la "influencia espiritual" comunicada regularmente por medio del rito iniciático. Si esto es así, evidentemente no hay motivos para buscar "históricamente" el origen de la iniciación, cuestión que por lo tanto parece sin sentido, ni, por otra parte, el origen de los oficios, de las artes y de las ciencias, considerados en su concepción tradicional y '1egítima", puesto que todos a través de las diferenciaciones y de las adaptaciones múltiples, pero secundarias, derivan igualmente del "estado primordial", que los contiene todos en principio, y que por esta razón, se unen con los otros órdenes de existencia, más allá de la humanidad misma, lo que es por otra parte necesario para que puedan, cada uno en su rango y según su medida, contribuir efectivamente a la realización del plan del Gran Arquitecto del Universo. Traducción: Nadia Citon Sbroggio y Yamileth Brenes Conejo.

EL RETORNO DE HENOCH, o la Masonería que regresa...


Por el Q.H. Joël Pozarník



El libro del ex-Gran Maestro de la Gran Logia de Venezuela (1959-1961), Fermín Vale Amesti, « Le Retour d’Hénoch ou la Maçonnerie qui revient… », está dirigido esencialmente a los Francmasones que presienten – es decir, que saben en su Corazón – que la Francmasonería es una Escuela de Misterios que tiene un propósito doble : a la vez espiritual y social.

¿Social ? Los Francmasones comprenden – o creen comprender – de lo que esto se trata.

¿Espiritual ? Ya las cosas no son tan sencillas…Algunos, victimas de sus propias confusiones, intentan – en vano - confundirla con una religión…Otros reducen su contenido a asuntos psicológicos, políticos o filosóficos… Lamentablemente muy a menudo, los masones que no « ven » la vocación espiritual de la Francmasonería prefieren negarla, en lugar de admitir que las limitaciones de su visión.

Sin embargo, en 1886, la Providencia envió a Occidente un Ser - René Guénon, celebrándose en este mes de Enero el 56mo aniversario de su nacimiento. Su función espiritual consistió justamente en explicar nuevamente a los Occidentales lo que era la Iniciación verdadera. Para hacerlo, en la medida en que eso es posible, él trató de utilizar términos racionales – ya que éste es el modo dominante de comprensión del mundo que utiliza el Occidental - , o más bien, términos supra-racionales.

El conocimiento que él transmitió no ha sido siempre bien comprendido; ciertamente, no es fácil asimilarlo. Sin embargo, cuando de Tradición se trata, es al individuo a quien le toca hacer el esfuerzo para elevarse hacia el Conocimiento en toda su complejidad, y no al Conocimiento de simplificarse y esquematizarse – y consecuentemente de traicionarse a si mismo – para hacerse accesible al individuo. ¿Pero quién acepta eso en la época nuestra de la “comida rápida”, y en particular de la “comida rápida” espiritual ?

Muchas veces la enseñanza Tradicional transmitida por René Guénon ha incomodado a los dirigentes de las organizaciones espirituales que él deseaba ayudar; en la mayoría de los casos han preferido condenarlo, y después, declararlo “pasado de moda”. ¡Como si la grandes verdades eternas pudiesen estar un día “de moda” y otro día “pasadas de moda”! Indudablemente que su formulación evoluciona con la evolución del lenguaje, pero en esencia, ellas son por supuesto ne varietur

A pesar de todo, sobre las huellas de René Guénon, muchas almas « calificadas » han respondido a la posibilidad cíclica de regeneración espiritual ofrecida por el Maestro de Blois: ellas han estudiado las Tradiciones Orientales, para después trabajar, en la medida de sus capacidades, en la regeneración de diversas formas de la Tradición Occidental.

Los europeos saben que es el caso en Francia, en Italia, en España, y en otras partes de Europa. Pero también es el caso en Venezuela en particular, y en América Latina en general. El libro de Fermín Vale Amesti, el « Maestro de Caracas », lo testimonia. Tal como su nombre iniciático lo indica, esa era la misión de Fermín Vale Amesti hacia la Francmasonería: Al Bannah (El Masón), Nashar (Regenerar) ; Albanashar, el Regenerador de la Francmasonería. Pionero de la difusión en Venezuela de las enseñanzas transmitidas por René Guénon, Fermín Vale Amesti (1922-1999) tenía un talento excepcional para la enseñanza de la Tradición. Fue amigo de los principales esoteristas de su generación establecidos en Francia, España, Gran Bretaña, y en otras partes del mundo.

Porque si las Escuelas de Misterios transmiten la Iniciación, es necesario que sus dirigentes sepan hacen descubrir a sus miembros el tesoro espiritual del cual ellas son depositarias. Es lo que Fermín Vale Amesti ha tratado de hacer en el Retorno de Henoch, sin pretender ni la infalibilidad ni la exclusividad: ha desarrollado un cuerpo doctrinal adaptado a la Vía Masónica, e inspirado por las enseñanzas transmitidas por René Guénon.

El Retorno de Henoch, es el retorno del Espíritu de la Masonería de Tradición, de la Verdadera Iniciación, la que tiene la capacidad de llevar a las almas sedientas de Verdad, hacia la Luz, hacia la reintegración en el Ser Interior, como una etapa en el Camino de Liberación de todo estado condicionado. Es entonces cuando el masón se vuelve realmente – y no solamente simbólicamente - « libre y de buenas costumbres ».

El Retorno de Henoch es también el regreso, al seno de las ordenes iniciáticas, de las almas calificadas para comprender y realizar su dimensión espiritual, y consecuentemente, el retorno de almas que sabrán – en principio – como constituir una sociedad más humana y más espiritual, cuando los tiempos habrán llegado.


jueves, 23 de julio de 2009

CODIGO MORAL MASONICO

Venera al Gran Arquitecto del Universo.

El verdadero culto que se da al Gran Arquitecto consiste principalmente en las buenas obras.

Ten siempre tu alma en un estado puro, para aparecer dignamente delante de tu conciencia.

Ama a tu prójimo como a ti mismo.

No hagas mal para esperar bien.

Haz bien por amor al mismo bien.

Estima a los buenos, ama a los débiles, huye de los malos, pero no odies a nadie.

No lisonjees exageradamente a tu hermano pero reconoce sus aciertos. Acepta su reconocimiento con modestia, como un aliciente.

Escucha siempre la voz de tu conciencia.

Sé el padre de los pobres; cada suspiro que tu dureza les arranque son otras tantas maldiciones que caerán sobre tu cabeza.

Practica la caridad.

Respeta al viajero nacional o extranjero; ayúdale: su persona es sagrada para ti.

Evita las querellas, prevé los insultos, deja que la razón sea tu guía.

Parte con el hambriento tu pan y a los pobres peregrinos mételos en tu casa. Cuando vieses al desnudo, cúbrelo y no desprecies tu carne en la suya.

No seas ligero en airarte, porque la ira reposa en el seno del necio.

Detesta la avaricia, pero administra tus bienes materiales con cuidado, para que a tu vejez sustenten tus necesidades, protejan a tu familia y beneficien a tus Hermanos en desgracia. Quien amasa riquezas ninguna fruta sacara de ellas y esto también es vanidad.

Huye de los impíos, porque su casa será arrasada: mas las tiendas de los justos florecerán.

Sigue la senda del honor y de la justicia. En la senda del honor y de la justicia esta la vida; mas el camino extraviado conduce a la muerte.

El corazón de los sabios está donde se practica la virtud y el corazón de los necios donde se festeja la vanidad.

Respeta a las mujeres, no abuses jamás de su debilidad y mucho menos pienses en difamarlas.

Si tienes un hijo, regocíjate; pero sé consciente del depósito que se te confía. Haz que hasta los diez años te obedezca, hasta los veinte te ame y hasta la muerte te respete. Hasta los diez años se su maestro, hasta los veinte su padre y hasta la muerte su amigo. Piensa en darle buenos principios antes que buenas maneras; incúlcale rectitud esclarecida y no frívola elegancia. Haz un hombre honesto antes que un hombre hábil.

Si te avergüenzas de tu destino, tienes orgullo; piensa que aquel ni te honra ni te degrada; el modo con que cumplas te hará uno u otro.

Lee y aprovecha, ve e imita, reflexiona y trabaja, ocúpate siempre en el bien de tus hermanos y trabajarás para ti mismo.

Conténtate de todo, por todo y con todo lo que no puedas mejorar con tu esfuerzo. Pero cuando te sientas capaz de hacerlo, pon todas tus facultades en la tarea.

No juzgues ligeramente las acciones de los hombres; no reproches ni menos alabes; antes procura sondear bien los corazones para apreciar sus obras.

Se entre los profanos libre sin licencia, grande sin orgullo, humilde sin bajezas; y entre los hermanos, firme sin ser tenaz, severo sin ser inflexible y sumiso sin ser servil.

Habla moderadamente con los grandes, prudentemente con tus iguales, sinceramente con amigos, dulcemente con los niños y eternamente con los pobres.

Justo y valeroso defenderás al oprimido, protegerás al inocente, sin reparar en los servicios que prestares.

Exacto apreciador de los hombres y de las cosas, no atenderás mas que al mérito personal, sean cuales fueren el rango, el estado y la fortuna.

martes, 21 de julio de 2009

FERMIN VALE AMESTI, LA OBRA TRASCENDENTAL DEL "MAESTRO DE CARACAS"



POR: JOËL POZARNIK *



"Por sus frutos los conoceréis".

El 11 de Agosto de 1999, día de luna negra, fue también la fecha del último eclipse anular de Sol del segundo milenio de la Era Cristiana. Esta noche, en el cielo de Caracas, capital de Venezuela, se formaba también una Cruz Santa: Marte opuesto a Saturno, Sol/Luna opuesto a Urano, en los cuatro signos fijos…. En la noche del 11 al 12 de Agosto, a las 3:00 am, en un modesto apartamento del municipio Chacao, una zona comercial de Caracas habitada principalmente por los inmigrantes españoles y sus descendientes, fallecía en su biblioteca de forma rectangular, sentado en su sillón de cuero negro en el cual solía meditar, Fermín Vale Amesti, Pasado Gran Maestro de la Gran Logia de la República de Venezuela (1959-1961). Él se fue mirando hacia el Este, rodeado de las fotos de René Guénon, del Sheik Al-Alawi, y de quienes fueron sus instructores. Cuando el sol se levantó el 12 de Agosto, como cada mañana empezó a resaltarse por el largo ventanal situado al Norte de la biblioteca, la imponente silueta del Avila, la frondosa montaña que domina el Valle de Caracas. Era un día como cualquier otro, salvo que ese día, Albanashar-Al-Wali había dejado su envoltura de carne y se encaminaba hacia el Oriente Eterno.

Fue velado en el Templo principal de la Gran Logia de la República de Venezuela, situado en el centro de Caracas, de Jesuitas a Maturín; durante horas, en un respetuoso y silencioso homenaje, se relevaron hombres y mujeres para formar lo que terminó por ser una guardia permanente. A todos ellos y ellas, él les había dado, muchas veces sin contar, Conocimiento, Fe, Alegría, Fuerza y Esperanza. Durante la Tenida Fúnebre, la Gran Cámara del Gran Templo estuvo repleta. Las autoridades de la Gran Logia que participaron en el Ritual Fúnebre se dejaron poco a poco "contagiar" por la emoción que reinaba en las columnas. El Gran Orador mencionó en su discurso, que "Fermín Vale Amesti había muy probablemente anunciado la Masonería del Siglo XXI".

En el cementerio, con la última palabra de un breve ritual leído por el mismo Gran Orador, cayó ruidosamente una primera gota de lluvia, y una segunda, y una tercera, y en un instante, cayó un violentísimo y breve aguacero. El Cielo de Caracas lloraba al Maestro.

¿Quién era Fermín Vale Amesti?

¿Aquel hijo de Manuel Ignacio Vale Nava y de Rafaela Amesti de Vale, nacido el 25 de Septiembre de 1923 en el pueblo de Encontrados (Estado Zulia, Venezuela)?

¿Aquel hombre sencillo que solía caminar en las calles comerciales de Chacao vestido de un pantalón blanco y de una camisa blanca, y que alegraba con sus chistes a los vendedores de los kioscos de periódicos y de las numerosas tienditas de esa zona? ¿Aquel hombre que al final de cada uno de sus chistes, se reía con una carcajada contagiosa, como si fuera la primera vez que lo contara y como si fuese el mejor chiste del mundo?

¿Aquel hombre conocido por sus vecinos como un hombre exigente, de una inmensa cultura y de una gran inteligencia, que obligaba a cada uno a pensar bien lo que iba a decir antes de intercambiar ideas con él?

Todo eso era la apariencia, todo lo que él no era en esencia: para un verdadero iniciado, la individualidad no tiene la menor relevancia. Él consideraba altamente inmoral hablar públicamente de la vida privada de los Iniciados, y develar sus correspondencias. Tampoco le gustaba que los detalles relativos al camino seguido por un iniciado fuesen hechos públicos: cada camino es único e íntimo, razón por la cual no puede ser de utilidad a nadie más, y tiene que quedar en el dominio de lo privado. Enseñaba que un verdadero iniciado debía quedar en el anonimato; pero si por alguna circunstancia, tuviese que ser proyectado a la luz pública – posiblemente por sus dones de escritor–, debía ser conocido y reconocido únicamente por sus Obras: "Por sus frutos los conoceréis", y las Obras de Fermín Vale Amesti pertenecen al dominio de la trascendencia.

Espiritualmente, Fermín Vale Amesti pertenece a la gran familia espiritual del Maestro de Blois, René Guénon. Sin haberlo conocido personalmente, asimiló sin embargo los grandes principios de la doctrina metafísica universal, tal como René Guénon los expresó. Estuvo en el origen de la amplia divulgación de estas enseñanzas en Venezuela. Mantuvo relaciones fraternales con Alexandre Rouhier, el dueño de la editorial Vega, editorial que publicó varios de los libros de René Guénon. Inspirado por estos principios metafîsicos, Fermín Vale Amesti trató de restaurar la doctrina de la Masonería de Tradición aplicando estos principios a esta forma tradicional específica, y apoyándose sobre su propio grado de realización espiritual, pero sin jamás pretender la infalibilidad. Quiso contribuir a devolver a la Masonería su capacidad operativa para conducir a las almas en búsqueda de la Luz a una verdadera realización espiritual. Su nombre iniciático hablaba de su función espiritual: AL-BANAH (el Masón), NASHAR (Revivificar, Regenerar), ALBANASHAR.

El "Maestro de Caracas"

Si bien Fermín Vale Amesti era un Iniciado de dimensión Universal, tenía consciencia de que su trabajo estaba dirigido en prioridad al continente Latino Americano. No dudaba de que a ese continente le estaba prometido un brillante futuro "cuando los tiempos hubieran llegado". Trató de expresar la Tradición de una manera adaptada a la forma de ser y de vivir del Latino Americano. Esperaba que su trabajo espiritual serviría de fermento a la mente de esa raza en formación, en pleno proceso de integración, y que necesita de una espiritualidad adaptada a sus características. Quería formar en Venezuela en particular, y en América Latina en general, aquella "elite" de la cual habla René Guénon, convencido de que la evolución de algunos individuos podía producir la evolución de su raza, y de la humanidad en general; convencido también de que Venezuela, por estar simbólicamente situado a la cabeza de América del Sur, sin pretender la exclusividad, tenía que jugar un papel en la formación de la elite espiritual del continente.

Solía recibir en un apartamento a las almas sedientas de Verdad y podía pasar horas explicando los conceptos metafísicos más complejos de una manera extraordinariamente sencilla. Para contestar a ciertas preguntas de sus visitantes, solía extraer de su inmensa biblioteca los libros que contenían elementos de respuestas o símbolos que sintetizaban el Misterio que interpelaba al invitado; una vez comprendido el principio, solía evocar un refrán popular chistoso que expresara sencillamente aquella complejidad. En su mesa de estudio, nunca faltaba una bebida sencilla pero tan exquisita que parecía que los propios Dioses la habían elaborado. Nunca faltaba una risa, ni una atención a las inquietudes de las almas que se le acercaban. ¿Cuántos llegaban con el dulce calor ventoso de una mañana soleada, y se iban en la fresca oscuridad de la noche, con el Corazón lleno de Esperanza, de Fe, de Fuerza, de un entusiasmo alegre para hacer frente a la vida cotidiana, y para empezar o seguir en el Camino Iniciático? Probablemente, centenares.

A pesar de eso, no quería ser llamado "Maestro". Pretendía que él no hacía nada sino repetir lo que sus maestros le habían enseñado. Huía del culto a la personalidad como de la peste: "yo soy un hombre común" solía decir: "Lo importante no es el ser humano, sino el principio que el ser humano simboliza". No le hubiese gustado que alguien lo llamara "El Maestro de Caracas". Y sin embargo, su talento excepcional y su extra-ordinaria capacidad pedagógica para la enseñanza iniciática son señales inequívocas de un instructor legítimo de un muy elevado estado de consciencia espiritual. Es la marca de un verdadero Maestro no querer ser llamado "Maestro".

Qué es el "Retorno de Henoch"

Su Obra puede ser encontrada en el Corazón de los que lo conocieron. Dejó también una Obra escrita de una importancia trascendental, aún si todavía, está en su mayor parte inédita. Pudo publicar uno solo de sus manuscritos: Le Retour d'Henoch, o la Maçonnerie qui revient (Ediciones Téletes, Francia) fue publicado en francés en 1993; a pesar de que la redacción del manuscrito culminó en 1982, la versión española del libro no fue publicada sino en 1994, en la Editorial Pomaire (Caracas), bajo el título El Retorno de Henoch, o la Masonería Primigenia. Dejó también otros seis manuscritos inéditos con numerosas enseñanzas de la más alta espiritualidad. Dedicó su vida a anunciar "El Retorno de Henoch" y a preparar a las nuevas generaciones para vivirlo. ¿Pero qué es lo que entendía por "El Retorno de Henoch"?

El Retorno de Henoch es a la vez la llegada de un nuevo ciclo cósmico, una nueva civilización, y una nueva humanidad y al mismo tiempo, la llegada de una espiritualidad adaptada a esa nueva humanidad. Llegada que no es sino el regreso de una espiritualidad de tipo solar, es decir, iniciática, el regreso de las más altas posibilidades de realización espiritual a través de la Gnosis, y finalmente, el regreso de las verdaderas Escuelas Iniciáticas, y entre ellas, la Masonería de Tradición, como medio que pueden utilizar las almas cualificadas para alcanzar la realización espiritual.

El Retorno de Henoch es a la vez un libro y un mensaje: ese mensaje no ha sido inventado por el autor. Era bien conocido en los medios tradicionales desde muchos años. El aporte de Fermín Vale Amesti pudiera resumirse en dos puntos principales: por un lado, él dio una forma escrita a este mensaje, a fin de que pudiera ser divulgado –sin ceder a la tentación de la vulgarización– fuera de los medios especializados; por otro lado, anunció que el Retorno de Henoch ya no era una profecía a largo plazo sino una realidad del momento.

Una nueva humanidad

Escribía Fermín Vale Amesti: "La profunda crisis espiritual que estamos viviendo en nuestro mundo de hoy, justamente en los momentos más próximos a transponer un Nuevo Ciclo; crisis que ha producido la más grande alteración de todos los valores espirituales y éticos de la humanidad; que ha exacerbado el materialismo, la subversión y la anarquía en todos los órdenes, y que va minando cada día más a la frágil y corruptible naturaleza humana, deslizándola hacia los fines inconfesables de la Gran Confabulación, sólo aspira a convertir al hombre en un simple 'robot' a fin de poder manipularlo de acuerdo con los más infames, humillantes y sucios intereses. Todo eso debe hacernos comprender que nunca como hoy, se hace imperativa una escogencia selectiva de las minorías más calificadas en el ámbito espiritual, para constituir el fermento de una Nueva Cultura y nueva Civilización, que pueda orientar y dirigir a todos los seres de buena voluntad, como minoría rectora del Nuevo Ciclo que se inicia; para que pueda vivificar todos los estratos sociales y coadyuvar en la transformación de los mejores elementos humanos que son la esperanza para el establecimiento definitivo y permanente de la Fraternidad y de la Paz sobre la Tierra. Recordemos las frases de Arnold Toynbee: 'En los momentos de crisis de cualquier civilización ciertos individuos se vuelven del mundo exterior a la vida interior de la psiquis y , descubriendo allí un nuevo rumbo de vida, regresan al mundo exterior para formar una creativa minoría que actúa como una levadura para la renovación de esa civilización. (…) Y a comenzar una nueva y maravillosa Edad en la historia de la humanidad (…)'".1 Esta nueva civilización tenía que ser más espiritual, más amplia y luminosa.

Para él, estamos ya en la Aurora de esa nueva Humanidad: "Los dorados rayos del sol renovado que alumbran a esta Nueva Aurora de la Humanidad, son portadores de una fuerza espiritual bienhechora que puede ser advertida por quienes han abierto los ojos del espíritu a la Luz Primordial Infinita del Sol Eterno Espiritual que se hará sentir en sus Corazones, porque la gloriosa hora de la Renovación prometida dará comienzo al Séptimo Milenio, el primer día del primer año Enochiano, correspondiente al Solsticio de Invierno del año de 1985. Señales en el Cielo, visibles en las Latitudes de la 'Cruz del Sur' (entre los 16 y 18 grados Latitud Sur), las mismas señales que en su momento marcaron también el nacimiento de Henoch: nos indicará en la víspera de Navidad ya señalada, que el retorno de Henoch es un hecho cumplido, la 'marca' de una Renovación Espiritual plena que constituirá el punto de partida de un Nuevo Ciclo Cósmico para toda la Humanidad" 2

"Es así como un viejo ideal de la Humanidad de ayer se ha de convertir en la conducta de la nueva humanidad de la Edad que se levantará 'desde la tumba' de la noche del pasado, en la más grande gloria de un Nuevo Ciclo: el Retorno de Henoch.3

El Regreso de la Tradición Iniciática…

"Henoch representa y simboliza la Tradición Iniciática, la Escuela con su Doctrina desde la remota Época antediluviana." 4 escribió Fermín Vale Amesti. Él pensaba también que con el Retorno de Henoch, se tenía que desarrollar una espiritualidad que dejara el fanatismo religioso detrás de ella5. Las diferentes religiones se han convertido en una "Manzana de la Discordia", "sobre todo cuando las personas creen tenazmente que la religión a la cual pertenecen es la única verdadera y que las demás son falsas y carentes de sentido … El concepto estrecho de la religión enceguece de tal modo que no permite ver o apreciar la parte de verdad que también hay en otras Religiones; la belleza, la profundidad de sus creencias. El fanático, el mojigato y el monomaniático religioso son los fomentadores de la DISCORDIA, los sembradores de odios, altercados y disputas. … El conflicto, la lucha, y LA DISCORDIA entre las diversas religiones surge por ignorancia o desconocimiento… En el mundo desacralizado, materialista e incrédulo en que estamos viviendo, hace falta recordar a quienes lo hayan olvidado, como a los que nunca lo sospecharon siquiera, que somos todos, sin excepción, recipientes y portadores del ESPÍRITU… El mundo será tan 'bueno' o tan 'malo' como cada uno de nosotros… es imperativo renunciar al fanatismo, al odio, a la incomprensión y a la indiferencia por las opiniones y creencias diferentes a las nuestras. Aceptemos los valores positivos de otros conceptos distintos a los nuestros, pero que no por ello dejan de ser valores positivos, verdades que, aunque contradictorias se unifican en LA VERDAD TOTAL."

Él pensaba que el Retorno de Henoch implicaba el retorno de las Escuelas iniciáticas; "El Retorno de Henoch es el retorno de la tendencia progresiva de evolución espiritual, polarizada en los seres humanos 'despiertos' que van a estructurar e impulsar la renovación, la revivificación (Nashar) y enderezamiento o reparación de la Tradición Iniciática en la Nueva Edad que comienza, a fin de que la Humanidad pueda ser conducida en su esfuerzo ascendente, por medio de la recuperación de una Vía Espiritual que restablezca todas las cosas en el orden natural y restaure a su 'estado primordial' su unidad originaria. En esta reedificación de la Tradición Esotérica, las Escuelas Iniciáticas tienen una gran tarea que realizar, preparando a quienes reúnen las calificaciones imprescindibles, para transmitirles la Enseñanza acerca del 'Árbol de la Ciencia del Bien y del Mal', para que mediante el trabajo personal, el Iniciado puede neutralizar el Binario y conocer el Secreto que resuelve el enigma de la Esfinge."6

"Al final de los tiempos, dice Hervé Masson, Henoch y Elías abandonarán su exilio, regresando para brindar testimonio del Reinado de Cristo. El 'germen iniciático' que ha sido conservado en el seno de algunas órdenes Iniciáticas, servirá de apoyo para preparar la restauración final del reino de los justos"7.

"El retorno de Henoch trae consigo la restauración del brillo y esplendor de la Tradición iniciática que la ocultación durante el ciclo de tinieblas le había despojado (Post tenebras lux). Es el retorno a la toma de posesión de los estados superiores del ser; el ser que realiza en sí al Hombre Universal como punto de partida para hacer posible la ascensión mas allá de los estados condicionados."8

… y entre ellas, de la Masonería de Tradición

"El Retorno de Henoch es portador de un fluido animador que restituirá las fuerzas gastadas, que actuará como un agente reparador y reconstituyente de lo que se usó y declinó. Traerá la Regeneración, la revisión y la puesta a punto de todo lo Tradicional, para un Nuevo Ciclo que va a comenzar con la estabilización, la armonía, y la justicia, para asegurar la Renovación (NSHR) y conservación de los valores perennes de la Tradición; porque no hay ningún bien que en esta vida no se torne hacia lo peor, y la corrupción de lo mejor es la peor de todas: corruptio optimi pesima. Ese Agente Reparador ayudará en la tarea de la transmutación de lo vil y de lo corrompido en lo noble y lo íntegro dirigido hacia el bien. Tal es el 'espíritu' de la Masonería invisible y triunfante, la Masonería de siempre, la Masonería que retorna."

Se dedicó a explicar, en otro manuscrito concebido como un curso propedéutico9 para candidatos a la Iniciación, lo que es realmente la Masonería de tradición. "La Iluminación que se logra con el Método Iniciático, no tiene nada que ver con los procesos psicológicos, con las fantasías de los ocultistas y los descarríos de algunos místicos. Se trata de la adquisición permanente y definitiva de la Gnosis, que al permitir la conciliación de los opuestos del mundo de la dualidad, descubre mundos inéditos y coloca al Iniciado en condiciones de ponderar los variables aspectos de las aparentes complejidades de lo efímero, lo fugaz y lo transitorio, tanto como valorar lo realmente eterno e inmutable. El Iniciado REAL, el Adepto que ha realizado la Gran obra interior, es un ser RE-integrado a sus primeras propiedades, virtudes y potencias espirituales. Es el Hombre INTEGRAL e INTEGRADO, el Hombre SÍNTESIS, de dimensión Universal o Cósmica…

"La verdadera MISIÓN de la Masonería de Tradición, como la de toda Escuela Iniciática de Misterios, es la de proporcionar al individuo cualificado para ellos, las posibilidades de alcanzar el rebasamiento prodigioso pero real de lo humano o individual, el Principio REAL, el SER VERDADERO. ... La Vía Iniciática permite a quien la culmina con éxito, encontrar el Camino hacia el Conocimiento Verdadero y Trascendente que está inmanente en él y que determina la razón de su existencia."

El Regreso de la Gnosis como medio de realización espiritual

Decía Fermín Vale Amesti que "la efusión inagotable de las Aguas de Vida, la Gnosis Eterna que el bello Simbolismo Astrológico representa por la Inmaculada Linfa que Ganímedes el 'copero de los dioses', vuelca con efusiva generosidad desde el azul del cielo, promulga el amanecer de la nueva Edad de oro."10

Para él, la verdadera Gnosis no podía ser explicada ni por el dogmatismo religioso ni por los eruditos y científicos, por la sencilla razón de que es imposible reducir al dominio de los conceptos racionales un asunto que pertenece por entero al dominio del Conocimiento Supra-Racional. La Gnosis es un medio, "el Camino o La Vía para alcanzar la Recuperación consciente de nuestra inherente naturaleza divina. El FIN, o el objetivo de La Gnosis es el encuentro de Dios en nosotros… La Gnosis es la identificación con la Pura Consciencia, el Conocimiento Integral que se manifiesta en el Centro del Ser… Ese Conocimiento guía el juicio y la Comprensión que embellece el Alma con el Esplendor de la Inteligencia y la viviente expresión de la Intuición Divina que sobrepasa infinitamente sus prefiguraciones en la mente, porque la Visión Espiritual del Hombre es el Puro y Real Intelecto que rige 'El Jardín del Corazón'".11

Unas almas cualificadas

El Iniciado de la Época del Retorno de Henoch es un ser cualificado para la Vía Iniciática, preocupado por cambiarse a sí mismo como una manera de cambiar al mundo, " 'Todo lo bueno se difunde' decía Platón".

"Henoch, el Maestro de Justicia (el Gran Copto), y Revelador de la Gnosis, regresa con su Balanza para equilibrar las Fuerzas de nuestro Universo y la armonía de los corazones. Para que cada uno pueda matar a 'los Reyes de la Fuerza desequilibrada' en su propia naturaleza. Es el poder de Luz Inmanente fluyendo hacia la Individualidad, hacia el 'hombre inferior', porque el estado de equilibrio interno es la base de la Gran Obra".12

"Un verdadero Iniciado es un hombre responsable de sí mismo, de sus pensamientos y de sus actos, viviendo siempre en estrecha comunión con la Gran Alma del Universo, obedeciendo a la Leyes Divinas, y actuando en perfecta armonía y paz con todos los seres en todos los planos de existencia. Si cada ser humano se decidiera a 'encender su luz', el Mundo destellaría como mil soles."

"Si sabemos hallar en nosotros mismos la quietud mental, el relajamiento corporal, la temperancia, la paz y el silencio, también serán un logro para nuestro hogar, para el barrio, para la ciudad y para el país donde vivimos. 'Un carbón solo no puede hacer fuego. Pero cuando se junta un numero suficiente de carbones, el calor latente en cada uno de ellos puede convertirse en llama que emite luz y calor'. Obedezcamos a esa misma ley de la Naturaleza, para que acumulando nuestras aspiraciones espirituales y unificando nuestros esfuerzos, podamos crear un Gran Hogar común para una Nueva Humanidad que ya ha comenzado a establecerse, con la reaparición entre los hombres del Conocimiento Arcano, el advenimiento de la Verdad Eterna, por tantos siglos obscurecida y en ocultación."

"En esa nueva tónica de vida que debe ser la acción creadora de la vivencia diaria, de la Vida Iniciática de cada uno, la tarea concreta del Iniciado es obligante e impostergable, pues no solamente le corresponde la autoexigencia de su propio perfeccionamiento, sino también la lucha contra las condiciones adversas de la vida, que actualmente la hacen alienante y casi insoportable."13

"Acojamos con ardoroso entusiasmo ese impulso espiritual de renovación creadora que ha comenzado a manifestarse en el Mundo. Nunca antes como hoy está justificada la antigua divisa: 'Quiero saber para poder servir'. Por eso fue dicho: 'Por sus frutos los conoceréis'. Esa es la verdadera Obra de Construcción que el esfuerzo creador del genuino Masón puede y debe ofrecer y aportar para el progreso espiritual de la Sociedad en que vive. Su deber es de crear, es decir, de rendir fruto de los dones o 'talentos' que ha recibido. Después de su lucha en el mundo íntimo, debe comenzar su realización en el mundo que lo rodea; ayudando a esclarecer el pensamiento de la Humanidad que está al borde de la demencia y amenazada por los más terribles acontecimientos que jamás se creyeron posibles."

Reconocimiento en Francia y en Venezuela

El libro Le Retour d'Henoch fue vendido en unos 2000 ejemplares en Francia. El famoso escritor masónico francés, Jean-Jacques Gabut, escribía en el Diario "Le Progrès14", de Lyon: "Es una obra muy personal y original que el venezolano Fermín Vale Amesti ha querido consagrar al Retorno de Henoch que, para él, coincide con una renovación profunda de la espiritualidad y un renacimiento de la verdadera Gnosis. Situándose en la perspectiva de la Masonería Tradicional, Vale Amesti aporta en este estudio, de una riqueza y de una inteligencia admirables, una suma de conocimientos que cautivará a todos los que saben leer con el ojo del corazón".

La revista francesa "Le Monde Inconnu15" comentó: "El Retorno de Henoch de Fermín Vale Amesti, Past Gran Maestro de la Logia de Venezuela, se cuenta ya entre las obras más importantes que enriquecerán sin duda alguna, no sólo el patrimonio iniciático de la Francmasonería, sino la visión del investigador apasionado por la autenticidad".

El escritor Philippe Bouet, autor de Le Divin Commerce16, menciona que El Retorno de Henoch es "un muy buen libro… una verdadera iniciativa de regeneración de la Franc Masonería en su función iniciática y metafísica, tradicional y escatológica, y su espíritu es muy loable y sin ambigüedad… Son excelentes y muy numerosas las citas bíblicas y sufíes, además de muy bien escogidas… Lo escrito por el autor mismo es perfectamente ortodoxo y refleja honestamente la enseñanza de Rene Guénon… Se nota también una crítica inteligente a las desviaciones 'obedienciales'"17.

En Venezuela, el escritor-editor Juan Liscano, quien en vida fue un amigo personal de Jean Bies, comentaba: "Admiro su inteligencia, su cultura simbólica y masónica (…) El extenso y sólido libro de Fermín Vale ofrece al lector el más apasionante recorrido por un cuerpo de enseñanzas cuyo efecto sobre el espíritu resulta vivificador y sobre la inteligencia, renovador y liberador de la inmensa alienación mental producida por los mass media... En un espacio como este no cabe, ni siquiera resumir las 283 páginas de Le Retour d'Henoch, pero sí señalar (...) la importancia de esta obra y la perspectiva de renovación interior e intelectual que ofrece (...) Libros como el de Fermín Vale Amesti, al refundir el gran conocimiento masónico tradicional, con su inagotable riqueza simbológica, contribuyen a oponerse al satanismo contrainiciático tan en boga, comercializado por videos e integrado ya en las expresiones de la época.18"

Conclusión

En Venezuela, 7 años después de su paso al Oriente Eterno, la Luz del Maestro de Caracas sigue atrayendo nuevas almas hacia el Camino Iniciático. Por la claridad de sus exposiciones, la perspectiva espiritualmente exaltante que él plantea, y por la altura de sus puntos de vista, su Obra reúne una suma de Conocimientos Iniciáticos de primera importancia para las jóvenes (y menos jóvenes) generaciones. ¡Ojalá puedan otras almas del mundo hispano en búsqueda de la Verdadera Luz aprovechar un día sus frutos espirituales, que sólo una vida dedicada hasta el sacrificio, a la Tradición, le ha permitido producir! Sin pretender haber sido el único, Fermín Vale Amesti fue indudablemente uno de los seres más espirituales de la América Latina del siglo XX.

NOTAS
* Nacido en Francia, Joël Pozarnik vive en Venezuela desde 1982. Ensayista y escritor masónico, ha publicado varios artículos sobre temas iniciáticos en la revista "Monades" (Francia) y "Celebrate Life" (EUA), y tiene actualmente dos libros en preparación sobre la Masonería. Ha traducido al francés, bajo la guía de su autor Fermín Vale Amesti, los libros El Retorno de Henoch (Editorial Pomaire, 1994), y el manuscrito todavía inédito Las Huellas del Sendero.
1 El Retorno de Henoch, p. 244-245.
2 Idem, p. 247.
3 Idem, p. 251.
4 Idem, p. 244.
5 Manuscrito «La Manzana de la Discordia» (inédito).
6 Idem, p. 245.
7 Idem, p. 53.
8 Idem, p. 53.
9 Manuscrito «Propedéutica Masónica» (inédito).
10 Idem, p. 251.
11 Capítulo I, Manuscrito «La Gnosis» (inédito).
12 Idem, p. 243.
13 Idem, p. 245.
14 Edición del 21 de Mayo de 1993.
15 Número 149, 1993.
16 (El Divino Comercio), Editions Harriet/Hélette, France, 1995.
17 Carta del 20 de Enero 2000.
18 Revista "Exceso", Caracas, Junio 1993.




Eneagrama

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